El libro de las horas

El libro de las horas, Jerónimo Alayón

A mi padre

Tomo un libro
                     Está en un idioma que ignoro
              Da lo mismo si está al revés o al derecho
       si es el libro
o es              la vida

Bukowski se habría reído de él
       Dostoyevski lo habría guardado
en su biblioteca
       Pizarnik lo habría escondido
dentro de un espejo
pero yo no soy
              ni Bukowski
       ni Dostoyevski
ni Pizarnik

Los libros son peligrosos
en especial
                     cuando no hablan mi lengua

Son pesados los libros de la ignorancia

Ahora el libro reposa sobre mi mesa
       a un lado del poema que escribo
pero el poema insiste en mirar al libro

#

No me gusta escribir poemas como piedras
(que me perdone Eugenio Montejo)
Prefiero las palabras de aire
                     las que miran libros que asustan
              las que dicen cosas
       que no se pueden guardar 
bajo el mármol y el ciprés

Cuando era niño
un poema cayó de lo alto al olvido
hendió mi frente              hasta el papel
La cicatriz aún lleva mi nombre
       ¿Cuántos nombres necesito
       para entenderme?

Cuando era niño
me asaltaron preguntas como bandoleros
todas juntas
       la noche
                            que
                     murió
              mi padre

Ellas se robaron
       lo que había de mí
El resto ha sido
              turismo de espejos

#

Termino de escribir el poema
Un poema es eso
                                    (pienso)
un disparo al espejo

Sé que alguien no entenderá esto
       pero carece de importancia ahora
       mientras esté sobre mi mesa
el libro
       que
              mi padre
                     nunca

escribió

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© 2021 Jerónimo Alayón.

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