Idealismo simbólico

Definición



El idealismo simbólico que he creado es un sistema filosófico-literario en el que exploro mi propia ontología y fenomenología del lenguaje poético, según la cual la belleza es conocida en tanto que reflectancia de otra belleza interior con la cual se pone en resonancia; en consecuencia, la belleza es posible como lenguaje interior cuando el fenómeno estético y el noúmeno estético se armonizan en la razón simbólica, pues conocemos el mundo y lo enunciamos simbólicamente. Esta razón simbólica tiene en el discurso poético su más alto grado de ascenso abstractivo, capaz de producir la semiosis postergada.

Fundamentación

Bases teóricas del sistema



He fundado mi idealismo simbólico en varias nociones y sistemas filosóficos que he fusionado y reelaborado; de seguidas los listaré y expondré brevemente, a fin de que se tenga una mejor inteligencia del sistema:


IDEALISMO ALEMÁN: FICHTE Y SCHELLING

Hago partir el idealismo simbólico de la revisión que Johann Gottlieb Fichte hizo de la noción kantiana de noúmeno; pero, en lugar de descartarla, asumo el mundo noumenal como el sustrato de la conciencia que me permite dotar de un sentido estético el fenómeno estético; es decir, no hay un afuera (naturaleza) y un adentro (yo), sino un continuum armónico de belleza por virtud de la conciencia, aproximándome así a la filosofía de la identidad de Friedrich Schelling, pero sin considerar este continuum como génesis —extrínseca y común— de la naturaleza y el yo, sino como consustancial al ser.


IDEALISMO MÁGICO Y VOLUNTAD POÉTICA: NOVALIS

Mi idealismo simbólico no es solo un sistema filosófico, sino una propuesta de creación literaria para la cual es de capital centralidad el planteamiento novalisiano de la voluntad poética: espiritualizar el mundo por medio de la poesía; en tal sentido, siendo la belleza del mundo el azogue del espejo donde mi alma se reconoce —solo al resonar con aquella mi belleza noumenal—, es fundamental restaurar permanentemente ambas por medio de la poesía. Esta sería la misión del discurso poético: preservar el continuum armónico de la belleza, el roce entre ambas almas —la propia y la del mundo (anima mundi)— que la hace posible.

Ahora bien, ¿cuál es el sentido de dicha voluntad poética? Considerando que siguen intactos los riesgos del exceso de racionalismo que aquellos románticos alemanes palparon en las postrimerías de la Ilustración, propugno una inteligencia del ser desde el sentimiento moral —y no desde una racional moral del deber—, esto es, una inteligencia en la que razón, ética y pasión se concierten en un alma bella, una inteligencia integral desde la que se pueda aspirar a la armonía de los espíritus, anhelo truncado por la modernidad líquida. Rescato para mí el derecho de conocer el mundo no desde una fría y plástica racionalidad, en ocasiones acomodaticia y de canon, sino desde la libertad del sentimiento moral que me permite, además, desatar los límites de la realidad sin violentar su misterio.


NOCIÓN DE «LOGOS DE LAS COSAS MUDAS»: HOFMANNSTHAL

Hugo von Hofmannsthal planteó superficialmente en Una carta (más conocida como Carta de lord Chandos, 1902) la posibilidad de «una lengua en la que me hablan las cosas mudas», esto es, un logos de las cosas mudas —que después retomarán Ortega y Gasset y su discípula María Zambrano—. He fundado mi idealismo simbólico también en esta concepción heraclítea del logos (λóγος) que insinúa Hofmannsthal en su carta como imposibilidad del lenguaje, y que remite explícitamente al fragmento 54 de Heráclito: «La armonía oculta es superior a la evidente». Ahora bien, es en este logos oculto donde la conciencia como razón profunda (Johannes von Lotz dixit) se une al todo y hace posible el continuum armónico de belleza entre el alma y el anima mundi. Aquella, el alma, a su vez, «tiene un logos que a sí mismo se acrece» (Heráclito, fragmento 115), con lo cual la posibilidad del continuum es tan infinita como la eternidad interior en que reposa.


LOGOS Y RAZÓN POÉTICA: ZAMBRANO

María Zambrano planteó en Hacia un saber del alma (1934) que «el acto específicamente cultural es el creador, aquel en que extraemos el logos de algo que todavía era insignificante (i-lógico)». Complementariamente, dijo en Delirio y destino (1953) que para ello se precisa «saber mirar con toda el alma, con toda la inteligencia y hasta con todo el cuerpo, lo cual es participar de la esencia contemplada en la imagen, hacerla vida». Este saber mirar con toda el alma lo entiendo como el vector gnoseológico de la razón poética en que deviene la conciencia una vez que es penetrada por el misterio del logos y consustanciada con él, y que abre el compás de ascenso abstractivo a la razón simbólica. Es entonces cuando él alma se revela a sí misma en el anima mundi.


NOCIÓN DE «AFATO»: LLULL / HACIA UN AFATO POÉTICO: ALAYÓN

Ramón Llull en De ascensu et descensu intellectus (1304) planteó una de las rarezas de la filosofía: la noción de afato. Se trata de un sentido adicional a los cinco conocidos, definido por el autor como «el natural medio de que el entendimiento perciba y explique sus conceptos» y sin el cual «no puede haber perfecta ciencia ni tenerse de las cosas». Este afato produce, a mi juicio, un lenguaje interior que se corresponde con el estado ulterior de la razón poética de Zambrano. Ahora bien, este sentido del afato solo se completa en la enunciación de dicho lenguaje interior, que no es otra cosa que su objetivación en el poema, la poiesis.

El afato poético —en tanto que síntesis que hago de la noción llulliana con el idealismo mágico de Novalis— supone, por consiguiente, la afectación del tu enunciatario, la poetización del anima mundi en una poiesis que va más allá de los límites de la ontología del lenguaje toda vez que construye el mundo —y no solo el texto poético— en tanto que símbolo: la belleza.


RAZÓN SIMBÓLICA: ALAYÓN

La razón simbólica que concibo supone una racionalidad —impregnada por el sentimiento moral— que penetra y es penetrada por el misterio del mundo, un modo de conocer regido por el sentimiento moral y en el que la naturaleza y el yo son un todo concitado por la belleza. A esta racionalidad corresponde una peculiar temporalidad, pues el símbolo habita en la eternidad de sus múltiples posibilidades. Reconocer mi alma en el anima mundi como símbolo es contemplar mi ser innumerable y, por consiguiente, una libertad plural del ser que es fiel a sí mismo. El mundo —en cuanto que construcción simbólica y reflectante del alma— es el significante cuyo significado es el alma y cuyo signo es la belleza. Esta, por tanto, la belleza, es el símbolo más elevado de la racionalidad humana.


NOCIÓN DE «SEMIOSIS POSTERGADA»: ALAYÓN

Cuando al lenguaje interior producido en el ascenso abstractivo —propio de la razón simbólica— corresponde un lenguaje exterior que rompe su vínculo discursivo de contemporaneidad, sobreviene, en mi forma de ver las cosas, lo que he dado en llamar semiosis postergada, es decir, el retardo de la simultaneidad entre enunciación y enunciado. A esta ruptura corresponde otra más profunda, la del hiato ontológico entre el alma y el ánima mundi como partes constitutivas del símbolo de la belleza. Las razones para construir la semiosis postergada pueden ser múltiples y deliberadamente asumidas o no; pero, en todo caso, supondrán una temporal anulación del símbolo, que se revelará, posteriormente y con inusitada fuerza, cuando la audiencia a la que dicho símbolo fue destinado alcance también el ascenso abstractivo que lo produjo y, con ello, su discursividad.