Selección de poemas inéditos (VII)

Inéditos 7, Jerónimo Alayón

Selección de poemas del libro De mí parten las aves esta mañana, de mi heterónimo Jerónimo Alayón

De mí parten las aves esta mañana

Ya no apremio las aves
esas que a mí llegaban cada alborada

De mí parten las aves esta mañana

Todo el miedo es paz
ya no hay lucha
de una parte de mí
con el resto de lo que no soy
por fin soy uno
y abrazo mis tristezas
sin reclamo
ni solemnidad
y por sobre su hombro
veo partir de mí las aves esta mañana

Las palabras también se van de mí
como trenes que olvidaron sus rieles

Estoy aquí
ya no hay esclusas ni diques
todo se marcha de mí
sin adiós
en paz
sin mí
en las aves que de mí parten esta mañana

Ahora escucho el silencio
que se fuga por entre las letras de mi nombre

Todo el límite que he negado cruzar está aquí

La poesía es una despedida sin estridencias 

El libro de las horas

A mi padre

Tomo un libro para leer
me percato de que está en un idioma que ignoro
da lo mismo si está al revés o al derecho
da lo mismo si es el libro o es la vida

Bukowski se habría reído de él
Dostoyevski lo habría guardado en su biblioteca
Pizarnik lo habría escondido dentro de un espejo
pero yo no soy ni Bukowski ni Dostoyevski ni Pizarnik

Sé que los libros son peligrosos
en especial cuando no hablan mi lengua

Son pesados los libros de nuestra ignorancia

Ahora el libro reposa sobre mi mesa
a un lado del poema que escribo
pero el poema insiste en mirar al libro

#

No me gusta escribir poemas como piedras
/que me perdone Eugenio Montejo/
prefiero las palabras de aire
las que miran libros que asustan
las que dicen cosas
que no se pueden guardar 
bajo el mármol y el ciprés

Cuando era niño
un poema cayó de lo alto al olvido
hendió mi frente hasta el papel
la cicatriz aún lleva mi nombre
¿cuántos nombres necesito para entenderme?

Cuando era niño
me asaltaron preguntas como bandoleros
todas juntas la noche que murió mi padre
ellas se robaron lo que había de mí
el resto ha sido turismo de espejos

#

Termino de escribir el poema
un poema es eso
/pienso/
un disparo al espejo
sé que alguien no entenderá esto
pero carece de importancia ahora
mientras esté sobre mi mesa
el libro que mi padre nunca escribió 

Mínima filosofía acostado sobre la tierra húmeda

Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos

Quintus Curtius Rufus

A Miguel Marcotrigiano

Hace algún tiempo decidí marcharme
ya no estoy
mis palabras dejaron de parecer lenguaje
hartas del mundo que cabe en una postal

Me bebí toda mi ausencia

La niebla lo sabe
escribo para convocar el silencio
para no decirme
para vivir atrás de las palabras mis otros silencios

Y sin embargo
aún me queda esta paz de embozar las ausencias

Hoy he mirado la tierra húmeda
más que otros días
allí reposan las únicas palabras 
que merecen crecer con la hierba

Tenía dieciséis cuando me llamaron idiota
leía a Leibniz
en tanto que otros miraban cuerpos de mujeres desnudas
yo elegí el principio de la Razón Suficiente
y entendí que las palabras también son mónadas
/solo si existen por el silencio/

A mis cincuenta y tantos sigo siendo un idiota
Leibniz estaba en lo cierto
«Natura non facit saltus»
/la naturaleza no obra por saltos/
y sigo aquí
pensando que el mundo olvidó su primer silencio

Lo sabe la polilla que devora el tiempo
que yace en el reloj

Lo decía Bukowski
«El tiempo es la cruz de todos»
él sabía que la locura cabe en una habitación
yo creo que cabe toda en una palabra

Volví de la noche
con la levedad de quien se cayó del porvenir

Si me fuese dado conocer la nada
sabría que la poesía estuvo allí
justo antes del fuego sagrado

Entonces me iría de los calendarios

Me acostaría sobre la tierra húmeda
con los únicos silencios que merecen ser palabras 

El pasillo

No man is an island, entire of itself… and therefore never send to know for whom the bells tolls; it tolls for thee.

John Donne

A Mónica Spear, in memoriam.

Camino por un pasillo
sé que he visto muchas veces este corredor
estas balas
esta sangre

Es un pasillo de Caracas
de Bruselas
de Madrid

Un hombre avanza hacia mí
cruzamos miradas
la muerte siempre tiene espejos en las pupilas
/lo sabía Pavese/

Al otro lado del mundo
los amos del silencio celebran el verbo
la palabra es por fin el prostíbulo de los falaces

Mientras tanto avanzo por el pasillo
atravieso Medellín
París
Kuwait
Jerusalén
Nairobi
Pittsburg
en todo caso
el pasadizo siempre es Caracas

Un hombre avanza hacia mí
presagio de adverbios rotos

He muerto tantas veces
que ya no tengo sombra

Quizás compraba especias en el mercado de Mogadiscio
y hablaba con requiebros a una mujer
las semillas de huru saltaron por el aire
su nombre y el mío quedaron esparcidos en la prensa

Quizás viajaba en el tren a Madrid
y leía a Saramago
las hojas se mancharon de otra historia
¡hay tantas narrativas en la sangre salpicada!

El hombre que avanza hacia mí
no es un hombre
en sus ojos hay pureza de iniquidad
me cruza y tropieza el alma
alguien ha gritado
y mientras caigo
otros caen conmigo
en Caracas
en Yola
en Berlín

Ya no tengo fuerzas
lo reconozco
estoy cansado de la lotería con olor a pólvora
de las campanas enamorando féretros
de yacer en el corredor
/como un calendario del año próximo/
esperando a que el pasillo sea el verso

El hombre se marcha
alguien grita que se lleva mi reloj
mientras yazgo sobre el titular de mañana
pero miente
no se ha llevado mi reloj
se ha llevado mi tiempo 

Alayón, Jerónimo. «Selección de poemas inéditos (VII)». ViceVersa Magazine. 14 de diciembre de 2020. https://bit.ly/3gImgeQ

© 2020 ViceVersa Magazine

Imagen de cabecera sin copyright.

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