El viaje de Alfeo

Para Cinzia Ricciuti

En Kubla Khan (1816), de Samuel Taylor Coleridge, hay un río sagrado, Alfeo, que hunde sus aguas en frías e insondables cavernas luego de discurrir por Xanadú, donde Khan ha ordenado levantar una cúpula gloriosa: «Where Alph, the sacred river, ran / Through caverns measureless to man».[1]

Mito de Alfeo y Aretusa

En la mitología griega, Alfeo era hijo de Océano y Tetis, por tanto, uno de los oceánidas, es decir, un dios fluvial.[2] Se había enamorado de la ninfa Aretusa, quien lo rechazó para permanecer virgen. Artemisa, para protegerla de Alfeo, le concedió convertirse en río para que huyera de su pretendiente,[3] lo cual hizo cruzando subterráneamente el mar Jónico desde la península del Peloponeso, en Grecia, hasta la isla Ortigia, en Siracusa (unos 550 km), donde se convirtió en la fuente que aún hoy lleva su nombre, en la costa suroeste de Ortigia.

Alfeo no se dio por vencido y viajó desde la costa occidental del Peloponeso hasta la costa occidental de Ortigia, bajo el lecho del mar Jónico, hasta fundir eternamente sus aguas con las de la ninfa Aretusa. Estrabón, un geógrafo griego a caballo entre el s. I a. C. y el s. I d. C., cuenta en su Geografía (29 a. C.) que los ancianos aseguraban que el río Alfeo se comunicaba con la fuente de Aretusa bajo el mar, y daban como prueba de ello que si se arrojaba una copa al río, reaparecía en la fuente de Aretusa, lo cual desmiente Estrabón por improbable.[4]

La esencia de este mito es el amor sacrificial. Aretusa, por su parte, renuncia a ser una ninfa y se convierte en un río subterráneo, con lo cual también renuncia al sol. En un cierto sentido metafórico, hace una catábasis para resucitar (anábasis) en Ortigia. Alfeo, por otra parte, no renuncia a ser río, pero sí a la luz, e inicia, lo mismo que Aretusa, un viaje gélido bajo las regiones abisales del mar Jónico. En Aretusa, el motivo del viaje es evasivo: huir de Alfeo, pero es a un mismo tiempo sublime porque quiere preservar una condición de su ser que ha elegido para sí. El motivo de Alfeo es el amor, y si bien renuncia a la luz, no renuncia a su amada, del mismo modo que Orfeo.

Ahora bien, vale la pena profundizar un poco más en el mito antes de seguir a otras interpretaciones y extrapolaciones. Aretusa pertenecía al séquito de Artemisa (hija de Zeus y Leto), una antiquísima e importante diosa griega que pasó al panteón romano bajo el nombre de Diana, y que era la diosa de la caza y la virginidad, razón, esta última, por la cual exigía a sus doncellas —entre ellas, Aretusa— permanecer vírgenes.

Todavía hay más: Leto, con quien Zeus le fue infiel a Hera, dio a luz subrepticiamente el fruto de aquella relación —los morochos Apolo y Artemisa— en la isla Ortigia, pero no la misma Ortigia de Siracusa, sino un pequeño islote del archipiélago de las Cícladas conocido luego bajo el nombre de Delos. Más tarde, Artemisa haría de la pequeña isla siracusana su dominio. Ahora se entiende la razón de que Aretusa huyera de Alfeo y por qué lo hizo precisamente a Ortigia.

¿Cuánto de la decisión de la ninfa se debía al miedo de perder la membrecía del séquito sagrado de Artemisa, cuánto a su deseo auténtico de permanecer virgen, cuánto a una legítima repulsión hacia Alfeo y cuánto a la atmósfera impositiva de Artemisa?

Quizás sea bueno recordar que las únicas diosas griegas «vírgenes» eran Hera y Afrodita, y que todas tuvieron relaciones prohibidas en abundancia y muchos hijos. ¿De dónde sale, por tanto, que eran vírgenes? De Hera se sabe que anualmente se bañaba en la fuente de Canato para renovar su virginidad. De Afrodita, que hacía otro tanto en el mar de Pafos, con lo cual, en rigor, no había diosas vírgenes.

Hay que decirlo claro: la virginidad no era una virtud social en Grecia, así que difícilmente Aretusa hubiera querido conservar virtuosamente su virginidad. Eso reduce el abanico a solo dos posibilidades: conservar la membrecía del séquito sagrado de Artemisa o rechazar el amor de Alfeo. Eso es lo que, honestamente, podemos inferir. Lo cierto es que, al cabo, Alfeo y Aretusa unen sus aguas para siempre.[5] Luego, silencio: el mito termina y no sabemos nada más de ellos.

Alfeo en Kubla Khan

Hay en el mito de Alfeo y Aretusa elementos propiamente helénicos: la búsqueda de la belleza, la catábasis, el valor del heroísmo y el viaje odiseico, todos ellos presentes en el poema de S. T. Coleridge. El poeta inglés nunca dice que Khan se lanzara al río Alfeo, pero lo sugiere. Luego de decir que «mid this tumult Kubla heard from far / Ancestral voices prophesying war!»,[6] afirma que «Where was heard the mingled measure / From the fountain and the caves».[7] ¿Qué buscaba Kubla Khan? La belleza, simbolizada primero en «the dome of pleasure» y luego en la doncella abisinia «Singing of Mount Abora»,[8] el mismo monte Amara en el que Milton ubicó el paraíso.[9]

Khan también hace su catábasis descendiendo al «sunless sea», al «lifeless ocean» para renacer en la evocación paradisíaca de la doncella abisinia, símbolo de la belleza:

Could I revive within me
Her symphony and song,
To such a deep delight ’twould win me,
That with music loud and long,
I would build that dome in air,
That sunny dome! those caves of ice![10]

Khan es un héroe órfico porque sacrifica su vida, en un viaje órfico, por amor a la belleza.[11] El suyo no es un heroísmo épico. Soy de los que está convencido de que Khan perece simbólicamente en su viaje:[12]

His flashing eyes, his floating hair!
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread…[13]

Kubla Khan también hace un viaje odiseico de regreso a casa, pero esa casa es el paraíso… la muerte, siquiera simbólica, como hogar de la belleza.

El viaje de Alfeo como viaje órfico del poeta: una extrapolación personal

El viaje de Alfeo es similar al de Khan. De allí que este transite por las aguas de aquel. Lo que me interesa, no obstante, del viaje de Alfeo es otra cosa: el paralelismo metafórico con el viaje órfico del poeta. No todos los poetas hacen una catábasis para alcanzar la belleza. Alfeo renuncia a su caudal de río para fundirse en la fuente de Aretusa: vive una auténtica metamorfosis ontológica. Deja de ser lo que era, por amor, para fundirse en la belleza de la amada. Quien se asome a las barandas de la fuente de Aretusa, en Ortigia, no verá un río.

Cuando el poeta inicia un viaje órfico, sabe que será otro al cabo del mismo. Nadie queda incólume tras la catábasis. Y esta solo tiene un sentido: fundirse con la belleza anhelada. La escritura poética, en este particular, podría ser el viaje de Alfeo bajo las entrañas telúricas del mar Jónico, un viaje por el mar sin luz, entre cavernas de hielo y con el sueño de que estas sean coronadas por el sol, ese mismo que Novalis intuyó en sus Himnos a la noche, el sol de la noche.

Son estos los poetas órficos modernos. Uno sabe que está ante una poesía diferente en el instante en que sospecha que los versos de cierto poeta han nacido en aquellas entrañas telúricas, que han surgido del anhelo por resarcir la luz ofendida y negada, que aspiran al ascenso heroico hasta fundirse con la belleza ansiada. En su lectura no hay posibilidad de resistirse al arrebato: somos devenidos en levedad y alzados a la luz solitaria del poeta, tan sola que sentimos el vértigo de su ser y del mundo contenido en ella… esperando hacerse palabra innumerable.

Por aquellas entrañas subterráneas no hay modo de viajar en rebaño. La belleza nunca se nos revela en manada: es un ejercicio de individuación, como sugería en Sobre la poesía elocuente un poeta órfico venezolano del s. XX, José Antonio Ramos Sucre, y nos alcanza en soledad, aunque otros la esperen junto a nosotros. La misma belleza es siempre inédita… para cada uno.

El viaje de Alfeo es la metamorfosis ontológica por virtud de la belleza… y el amor a ella. En cada poema, el poeta muere y es otro al cabo del mismo… Solo su ausencia puede hacer posible el poema. Nadie sobrevive al poema consumado sino bajo la forma de otro. Y en cada otro renovado se está más cerca del monte Abora y del canto de la doncella abisinia… o de la fuente de Aretusa. ¡Dichoso aquel que pueda estar cerca de uno y otra a un mismo tiempo!


Notas

[1] Samuel Taylor Coleridge, Christabel; Kubla Khan, a vision; The pains of sleep, 3.a ed., v. 1 (Londres, 1816), 55. https://bit.ly/2QEHwWZ

[2] Hesíodo, Teogonía, vv. 337-370. Ed. de Paola Vianello (México, D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 2007), 340.

[3] Podría decirse que, siquiera momentáneamente, Aretusa fue una oceánide, es decir, una diosa fluvial.

[4] Estragón, Geografía, VI, 2.4. Ed. de José Vela (Madrid: Gredos, 2008), 155.

[5] Pese a su proximidad al mar, de la fuente de Aretusa mana agua dulce, motivo por el cual se reforzó el mito de Alfeo y Aretusa.

[6] Coleridge, Christabel; Kubla Khan, 57.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd., 57-58.

[9] En un manuscrito previo de Kubla Khan, descubierto en 1934, Coleridge habla primero de monte Amora, luego de monte Amara (alusión explícita a El paraíso perdido, de Milton) y, por último, de monte Abora. Kevin Aston, Cómo volar un caballo: la historia secreta de la creación, la invención y el descubrimiento (Barcelona: Océano, 2016), sección 5, https://bit.ly/2WLu2gb Para otras relaciones de Kubla Khan con El paraíso perdido, de Milton, cf. Lane Cooper, «The Abyssinian Paradise in Coleridge and Milton», Modern Philology 3, n.° 3 (1906): 327-332,  https://bit.ly/398dqSg

[10] Coleridge, Christabel; Kubla Khan, 58.

[11] Ya sabemos que Orfeo no muere cuando desciende al Hades, pero luego de perder a Eurídice, se abandona en la soledad y se deja a merced de las nueras de los cícones, quienes lo lapidan hasta darle muerte. Esta es su segunda y definitiva catábasis, la que lo reúne para siempre con su Eurídice. Cf. Jerónimo Alayón, «El héroe órfico (III)», ViceVersa Magazine, 18 de marzo de 2019, https://bit.ly/3dvIIpA

[12] La alusión a los ojos flamígeros y a la perfección del círculo, multiplicado por tres, significan, en mi opinión, la muerte simbólica del arrebato… la metamorfosis ontológica al ascender y fundirse con la belleza.

[13] Coleridge, Christabel; Kubla Khan, 58.


Cómo citar este artículo

Alayón, Jerónimo. «El viaje de Alfeo». ViceVersa Magazine. 30 de marzo de 2020. https://www.viceversa-mag.com/el-viaje-de-alfeo/

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