Poesía fractal (parte I)

Poesía fractal (parte 1). Jerónimo Alayón.

La geometría fractal no es solo un capítulo de matemáticas, sino uno que ayuda a todos a ver el mismo mundo de manera diferente.

Benoit Mandelbrot

Con frecuencia, cada vez mayor, se me pregunta por el «modo raro» en que organizo espacialmente parte de mis actuales textos poéticos. Lo que pretendo con este ensayo es responder académicamente esas interrogaciones y sentar las bases teórico-prácticas de mi concepción sobre la poesía fractal y el modo personal como, a partir de aquellas, construyo un poema fractálico, no sin antes revisar algunos valiosos planteamientos previos al mío.

Comencemos por decir que un fractal es un objeto geométrico cuya estructura se repite sin fin a diversas escalas, una suerte de patrón infinito. La noción fue propuesta por el matemático polaco Benoît Mandelbrot (1924-2010) en 1975, y se vincula con las nociones de sucesión de Fibonacci (Leonardo de Pisa, 1202) y de divina proporción (Luca Pacioli, 1509).

Un típico ejemplo de ello es la alfombra de Sierpiński (1916). En la naturaleza hay un fractal bellísimo que aparece por todas partes, en las ramas y raíces de los árboles, en la formación de cristales de hielo, en la nervadura de las hojas, en las bifurcaciones de los ríos hasta llegar al delta. El universo es el hogar de la infinitud fractálica, concepción, para mí, que tiene un dejo de divinidad. Personalmente comienzo a indagar en la fractalidad del alma, el modo como esta recursivamente se abre a su trascendencia en la eternidad.

Remitiéndonos a lo estrictamente literario, algunos autores que hablan de literatura fractal se refieren a esta como contenedor de referentes fractales y no en cuanto que estructura fractálica. En tal sentido, por ejemplo, Antonio Durán, en el blog del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla, llama poesía fractal a la Rima V, de Bécquer:

Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas

La razón para considerar esta rima un poema fractal no es otra que el uso de referentes poéticos que son fractales como, por ejemplo, el copo de nieve mencionado en el primer verso. A mi juicio, eso no es literatura fractal, pues lo fractálico afecta a la forma principalmente, y no solo al fondo del texto. Si nos remitimos a la música, lo veremos muy claro. Parte de las composiciones musicales de Johann Sebastian Bach son estructuras fractálicas, recursivas, más que tratar sobre temas fractálicos. Para los que deseen deleitarse con un trabajo audiovisual en el que se ha diseñado un conjunto de Mandelbrot acompañando al Contrapunto IX, de Bach, pueden verlo haciendo clic aquí (es necesario mirar al centro de la pantalla), y también leer en inglés un estudio fascinante al respecto en este enlace. Otro excelente caso de fractalidad musical es el Bolero, de Maurice Ravel.

Comencemos por decir que un fractal es un objeto geométrico cuya estructura se repite sin fin a diversas escalas, una suerte de patrón infinito.

Así pues, a mi juicio, lo que define a la literatura fractal no es solo lo cíclico de algunas estructuras discursivas, sino su recursividad, con lo cual estamos aludiendo a la espiral y no al círculo. La fractalidad supone un contenerse en sí misma a diversas escalas y no únicamente un repetirse, por tanto, dejo fuera de rango fractálico la rima a final de verso y toda reiteración retórica que no signifique un escalado de dichos recursos.

En consecuencia, me aparto, en este sentido, del Manifiesto fractal (2002), del eximio poeta y catedrático argentino Héctor Piccoli, por considerar que alude a la circularidad de las estructuras discursivas y no a la recursividad de estas. Soy un defensor categórico de su hermosa propuesta de rescatar para la poesía «la esencia rítmico-musical del verso», y desde que leí su declaración hace años me he ocupado en dotar a mi trabajo poético de dicha cualidad esencial a la lírica, pero en esta etapa, en la que deseo profundizar en estructuras poéticas fractálicas, reconozco que vamos en líneas divergentes. Ello no supone, por supuesto, ni la más mínima disminución en mi aprecio y admiración por el bardo y académico rosarino.

Me siento más cercano a los planteamientos que un año antes de Piccoli, en 2001, hizo Alberto Viñuela. Su postura es que solo es literatura fractal aquella que se hace recursivamente y habla de las cajas chinas como recurso fractálico por antonomasia. Algo que noto revisando la bibliografía sobre el tema es que urge encaminarse hacia una retórica fractálica, un listado de figuras retóricas recursivas. En este sentido, es sumamente valioso el trabajo adelantado por el escritor mexicano Pablo Paniagua.

Todavía un año antes de Viñuela, el temido 2000, Eva Neuer publicó su Manifiesto del Fractalismo, cuya belleza radica, precisamente, en su generalidad que hace posible llevarlo desde la actitud vital hasta la especificidad de cada actividad, y viceversa. Lo que me apasiona de la propuesta de Neuer es que se casa perfectamente con mi noción de idealismo simbólico, en la cual sería factible escalar recursivamente el poema desde el alma (donde surge) pasando por el lenguaje hasta tocar el mundo afectándolo, poetizándolo. No es la de Neuer una declaración sobre poesía fractálica, pero la asumo como el soporte teórico-vital de la mía.

En los sucesivos artículos desarrollaré más el enfoque teórico general de la fractalidad literaria para luego decantarlo en mi personal concepción del asunto y en el modo como resuelvo metodológicamente algunos desafíos de escritura fractálica, tanto en lo atinente a la estructura cuanto a la dimensión semántica de los textos.

Alayón, Jerónimo. «Poesía fractal (parte I)». El Nacional. 17 de diciembre de 2021 | https://www.elnacional.com/author/col-jeronimoalayon/

© 2021 Jerónimo Alayón

© 2021 El Nacional

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